Sabemos que tanto los anticuerpos monoclonales como los policlonales son elementos críticos en vuestras investigaciones, por lo que es importante tener un cuidado extra para que su función no se pierda.

Aunque son generalmente elementos resistentes, necesitamos tener en cuenta una serie de pasos para conservar completamente sus propiedades.

Os dejamos unas sugerencias y consejos para conservar anticuerpos monoclonales y policlonales en las mejores condiciones antes de empezar vuestro experimento y así aseguraos obtener el mejor de los resultados:

 

 

1. Leerse bien la ficha técnica del producto.

La ficha técnica contiene información muy útil de cómo se debe conservar el anticuerpo, las principales aplicaciones que tiene el anticuerpo monoclonal o policlonal en concreto que hayáis elegido para vuestro experimento, las diluciones o concentraciones adecuadas para estas distintas aplicaciones, etc. También suelen incluir algunos estudios previos donde se ha usado ese anticuerpo.

 

 

2. Eliminar restos no deseados de los viales.

Como hemos comentado, en la ficha técnica encontrareis toda la información para conservar anticuerpos monoclonales y policlonales en las mejores condiciones, pero antes de almacenarlos, también se suele recomendar invertir el contenido del mismo y centrifugarlo brevemente a baja velocidad para recoger cualquier líquido que pudiese encontrarse en los laterales del vial o incluso en la tapa.

 

 

3. Asegurar las condiciones adecuadas de almacenaje.

La vida útil de los anticuerpos depende de su naturaleza y de las condiciones de almacenaje.

El almacenamiento a temperatura ambiente puede provocar la degradación o incluso inactivación del anticuerpo, normalmente debido a un crecimiento bacteriano.

En nuestra entrada Cómo almacenar los anticuerpos tenéis más detalle sobre el almacenamiento de los mismos, como recordatorio y ampliación de algunos detalles:

 

Contaminación microbiana

Para evitar la contaminación microbiana, se puede agregar azida sódica a una preparación de anticuerpos a una concentración final de 0.02% (p/v). Aunque muchos anticuerpos ya contienen este conservante en concentraciones que van del 0.02 al 0.05% (esto se indicará en la ficha técnica en la sección del buffer de almacenamiento).

En caso de que vuestro experimento requiera teñir o tratar células vivas con anticuerpos, o si usáis anticuerpos monoclonales o policlonales para estudios in vivo, aseguraos de usar preparaciones que no contengan esta azida de sodio, ya que este agente antimicrobiano es tóxico muchos organismos: bloquea el sistema de transporte de electrones del citocromo.

Otra excepción importante son aquellos anticuerpos conjugados con HRP que no deben almacenarse en tampones que contengan azida de sodio, ya que ésta inhibe la HRP. Una alternativa aceptable es el 0,01% de timerosal (mertiolato) que no tiene una amina primaria.

 

Fotosensibilidad.

Ciertos anticuerpos como los fluorescentes, son particularmente propensos al fotoblanqueo y, por tanto, deben almacenarse protegidos de la luz todo el tiempo, incluso durante los experimentos.

 

Cambios de temperatura.

Es posible conservar anticuerpos monoclonales y policlonales a largo plazo a temperaturas bajo cero (-20ºC o -80ºC). Sin embargo, la conservación del anticuerpo dependerá también de la frecuencia de su uso. Por ejemplo, si en el diseño de tu experimento vas a usar el anticuerpo una o dos veces a la semana, será mejor que lo conserves a 4ºC durante este tiempo.

Es importante intentar evitar el daño por congelación o descongelación de vuestro anticuerpo. Como ya sabéis, estos ciclos de congelación y descongelación frecuente, pueden desnaturalizarlo.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que el congelador en el que guardéis el anticuerpo puede afectar también a su estabilidad. Los congeladores con sistema libre de escarcha alteran sus ciclos de congelación y descongelación, lo que puede dañar el anticuerpo que vayáis a usar.

 

Concentración.

Para aquellos anticuerpos que se usen a largo plazo, es recomendable también alicuotarlos en tubos de baja afinidad a la membrana con un rango entre 10 y 50 µl, y conservarlos en su forma concentrada, ya que los anticuerpos monoclonales y/o policlonales diluidos descienden su efectividad.

 

4. Probar el anticuerpo bajo condiciones especiales antes del experimento real.

Es bueno optimizar el anticuerpo a vuestras necesidades antes de empezar vuestro experimento. Aunque no sea la manera más rápida de obtener resultados, es la mejor manera para que los que obtengáis sean buenos.

Para determinar la concentración óptima para tus muestras, la ficha técnica suele proporcionar la concentración recomendada en la cual el anticuerpo funciona mejor en la mayoría de los casos. Sin embargo, si tenéis unas condiciones experimentales especiales, es mejor confirmarlo mediante una titulación de los anticuerpos.

Además, es importante confirmar si el anticuerpo monoclonal o policlonal es adecuado para el uso que habéis previsto: los anticuerpos se prueban en aplicaciones específicas antes de ser vendidos pero el mismo anticuerpo puede funcionar para otras aplicaciones. Si estáis utilizando un anticuerpo para una aplicación que no ha sido recomendada, es necesario hacer una comprobación exhaustiva. Estad seguros de incluir controles adecuados como, por ejemplo, controles negativos específicos como pueden ser muestras que no expresen vuestra proteína diana.

 

 

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